Para ser libre

Para ser libre se necesita querer ser poco,
ser poco enganchado,
ser poco rencoroso,
ser poco...

Y ese ser poco da miedo, una pobreza rellena el corazón y
lo que era importante,
ya no lo es. Y de pronto de tas cuenta que tú eres importante: tú.

Y no son tus logros,
ni tus relaciones políticas,
ni tus capacidades, siquiera, para perdonar.

"Yo no te juzgo, tus pecados te son perdonados, vete en paz."
es la voz escuchada por lo más profundo de tu ser, donde, al haber sido
despojado de todos los bienes pasajeros,
sólo hay calma.

Nada. Ya más, nada.

Y sientes que por fin puedes caminar, despojado, despejado.
Puedes mirarte con amor, como Él te mira.

Y si recuerdas el pasado, Él contigo lo vuelve bello,
y si prevees el futuro, Él lo vuelve sencillo.

No somos más que "el hijo muy amado" en quien "tiene sus complacencias".

El corazón roto ya no impide recibir sino que se aprovecha la herida para abrirse al otro,
al otro que es Dios y al otro que es el hermano.

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