El arte de no ser artista

Queremos hacer, re-hacer, reparar, componer, re-componer y descomponer.
Y estamos exhaustos antes siquiera de hacer nada.

Hay un misterio, Dios, en ser expectadores de la maravillosa entrada de Tu majestuosidad en nuestro mundo, en nuestra humanidad.

Desde el amanecer hasta los sonidos fuertes de quien te despierta a tan tempranas horas, desde el silencio hasta los sonidos de las máquinas urbanizadoras, desde los días ajetreados hasta las noches desoladoras. Estás Tú.

Estás Tú.
Estás Tú.
Estás Tú.

¡Y me lo tengo que repetir! Que donde sea que esté estás Tú... inciando por mí, ¡por mí!
Que en este mundo que tanto quiero reparar el simple hecho de yo estar ya es un milagro, ya es Tu obra.
Me pierdo por estarte buscando, porque Señor, Eres tan obvio que ignoro Tu rostro frente a frente con el mío.

Enséñame a estar porque así percibo Tu estar.

Hacer, producir, crear, componer, consturir... si tan sólo aprendiéramos a apreciar Tu obra en lo poco, podríamos hacer mucho más.

Enséñame a estar porque así percibo Tu estar. Enséñame a amarme porque así aprendo a amarte. Enséñame a recibir porque así aprendo a dar. Enséñame a apreciar tu obra porque así aprendo a ser artista.

Mientras tanto: me canso de buscarte, Señor. Me canso de buscarme a mí también. Me canso de estar con gente que no te tiene como centro de su corazón, me canso de humillarme ante la tibieza de humor y de espíritu, me canso de todo lo que no me recuerda Tu presencia.

Comentarios