Es aquí, es ahora

Es lo que me anima a caminar, ¿es Jesús?, ¿es el mal?, ¿es la guerra?, ¿o Tu paz?

Este mundo lleno de, no sé qué que o me deja encerrada o me anima a luchar.
No, no por ellos.
No, no por Cristo... por Él y por mí.
De pronto, la lucha se vuelve algo entre Tú y yo.

Camino, camino con la cabeza baja en símbolo de humildad,
pero no puedo, no puedo no sentirme firme, fuerte, orgullosa de saber a dónde voy... vamos.
Contigo puedo mirar con la frente en alto sin pensar que es soberbia ni con una sonrisa y mirada tiernas sin pensar que son debilidad.

Es este caos, Señor, extrañamente, el que me dejaba antes temorosa en la cama, que me saca con gran ánimo a buscar los problemas y la paz en tu profundísimo y simple "Te amo".

Es este caos, Señor, extrañamente, el que se siente mi hogar, el que me llena de señales de Tu presencia y de mi fraternidad.

Este caos, Señor, extrañamente, el que me hace ser mejor, el que me quita la ceguera, el que me hace correr hacia Ti.

Este caos, Papá, extrañamente, el que se parece más al camino que a la nada, el que me vuelve hacia los otros; pero no en un sentido servil, como quienes visten una credencial y aprovechan la hora de comer para chismear, sino como quienes guardan el corazón para advertir cuando hay que advertir y consolar cuando hay que consolar.

Es este caos, Señor, el que me recuerda a Ti, que soy hija de un rey y que es este mundo el en el que quieres vivir.

Líbrame, entonces Señor:
de creer que lo sé y los conozco a todos,
de creer que no te hago falta,
de creer que no te debo todo,
de querer encontrarte sólo donde hay tranquilidad,
de querer victimizarme y victimizar a los demás,
de no creer que mis sueños cumplidos son tu gloria -tu sueño-también,
de vivir domida soñando un mundo ideal... y no amando este en el que sólo Tú estás.


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