¿Millenials regresan a Dios?

Según un artículo en el New York Times, las actuales generaciones de jóvenes están decidiéndose por la vida religiosa: 'jóvenes con nivel de educación superior', el artículo se titula "Creando tendencia: más millenials están buscando la vida de monja".

Como millenial y católica, este artículo, aunque periodísticamente bueno, me parece vacío como que no alcanza a decir la verdad y la belleza de las vocaciones.

1. La vida religiosa no debe ser motivo de escándalo

Escándalo ni del bueno...
¿Cuántas veces como católicos hemos sentido que estamos decepcionando a Dios porque no hemos entrado a una orden religiosa? "Déjalo todo por Él y serás feliz" –es la clásica frase–.

Mientras más show le hagamos a la vida religiosa más extraña será para nosotros. Sí, la vida religiosa es una bendición enorme para su familia y para la familia-Iglesia. Sin embargo, hemos perdido de vista que los laicos también somos consagrados por el bautismo y que todos cumplimos con nuestra función como miembros distintos del Cuerpo de Cristo, por tanto, la vocación a vivir consagrados a Cristo por medio de la pobreza, la obediencia y la castidad no es sólo cuestión de entrar a un convento o seminario.

Cuando para nosotros es motivo de sorpresa una 'vocación religiosa' y ponemos a nuestros sacerdotes y monjes en un lugar especial y les damos diminutivos al final: 'monjita', 'padrecito', los tratamos con una dignidad irreprochable, como si ellos sí se hubieran animado a dejarlo todo por Él y nosotros no, estamos haciendo lo mismo que estos artículos vacíos al puro estilo Hollywood farandulezco: tratarlo como un atrevimiento más de tipo fanático y no como una vida de amor, que todos podemos seguir desde nuestro estado de vida único, como seres únicos que somos.

2. Los jóvenes estamos cansados de 'decepcionar' a la sociedad

Perdón, pero los jóvenes de hoy son los hijos de los adultos de hoy. No, no somos resultado directo del trato que tuvieron con nosotros o de su ejemplo, pero sí hemos recibido mucho de nuestros padres: la forma de ver la vida, de sentir y de relacionarnos incluso con Dios.

Que un joven escuche 'Wow, ¡qué bueno que tan jovencito estés cerca de Dios!' más que halagarnos nos pone a pensar: '¿Por qué te sorprende? ¿Es que no me conoces?'. Los jóvenes estamos llenos de ansia por mejorar este mundo, queremos servir y amar, pero nos frustramos cuando dudan de nosotros, por eso que cause sopresa a otros que queramos comprometernos para grandes proyectos en la universidad, en la Iglesia o en el matrimonio, no debería sorprenderlos. El rey David, el amado discípulo Juan... ¿no eran también los más jóvenes? 

3. La vida espiritual no es un escape del mundo real

No estamos escapando este mundo actual en el que todo es falso, utilitarista, carne y desorden... si entramos a la vida religiosa por miedo al mundo, estamos haciendo lo incorrecto –por más bueno y romántico que parezca–. La vida consgrada no es para escondernos del mundo que 'está muy mal', la espiritualidad o relación con Dios no se basa en el miedo sino en el ánimo por vivir 'en abundancia', de buscar aquello en lo que más gloria demos a Dios con nuestro día a día.

Para un joven eso puede ser trabajar horas y horas como residente en un hospital público para cuando sea mayor poder ayudar a sanar enfermos, para otro joven puede ser educarse en leyes y tiempo después incidir en las decisiones políticas que cambien el rumbo de la sociedad, para otro puede ser entrar a un monasterio. Pero realmente: todos estamos orando, todos estamos sirviendo al prójimo y renunciando a placeres pasajeros por un bien mayor.

No, no estamos hartos de este mundo y por eso nos refugiamos en Dios, más bien queremos ser la mejor versión de nosotros para hacer de nuestro mundo un mejor hogar para todos.

4. ¿Y si aprendemos de los jóvenes?

Según un estudio hecho publicado en el Periódico de Educación Superior Católica, los jóvenes actualmente están estudiando más ciencias relacionadas con espiritualidad como filosofía, teología o religión. Uno de sus autores, el fraile franciscano Daniel Horans, afirmó que aunque los estudios nuestran que los jóvenes de hoy no practican la religión porque no se les ve ir a misa diario, rezando el Rosario o frente al Santísimo ... ¡es porque están haciendo voluntariado y misionando dentro de sus ciudades o fuera en países apartados!

Es verdad que muchos jóvenes pueden estarse perdiendo en el mundo, pero muchos más –y soy testigo por mis conocidos y compañeros– están haciendo cosas diferentes que no entran en nuestros modelos de 'devotos'. No se trata de meternos a todos en una peregrinación, si quienes son jóvenes están ocupando su tiempo en servir lugares inexplorados para sus padres o abuelos, ¡ como distintos miembros del mismo Cuerpo!


No nos dejemos llevar por las ideas que los medios de comunicación nos lanzan de que 'somos cada vez menos' o que 'menos jóvenes se interesan en la Iglesia', porque dejamos de confiar en los tiempos de Dios y en la bondad de nuestras nuevas generaciones a cambio de subir en las estadísticas. No es el número de vocaciones, de jóvenes o de bancas llenas lo que debe movernos, sino la confianza en que Dios tiene para cada persona, para cada comunidad, para cada época y sociedad un plan que no se escapa de su amor... ¿no es esa su especialidad, desafiar nuestros estándares?


*Fuentes:

'Creando tendencia: millenials buscan la vida de monja" en New York Times en línea:
https://www.nytimes.com/2015/09/06/fashion/dominican-nuns-of-summit-a-nuns-life.html

'Otra sobre millenials y vocaciones' en Huffington Post en línea:
https://www.huffingtonpost.com/daniel-p-horan-ofm/millennials-religious-vocation_b_3772982.html

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